22 de abril de 2012

PÁLIDO PULITZER, PÁLIDO CANON, REY PÁLIDO



(Javier me envía este artículo y yo me siento muy honrada de compartirlo por este medio con el mundo).

Javier García Rodríguez
Mientras Bilbao se prepara para abrir sus puertas al Festival Internacional de las Letras Gutun Zuria (Carta Blanca), dedicado este año al tema central de “Secretos y mentiras” y con Estados Unidos como país invitado (Gibson, Palahniuk, Javier Calvo, Rodrigo Fresán entre los autores y traductores), el jurado del Premio Pulitzer decide dejar desierta la modalidad de “Fiction” (que es la forma de llamar a la narrativa de ficción: novela y relato). La última vez que esto sucedió (en 1977), el protagonista fue el desconocido Norman Maclean, a quien el jurado otorgó el galardón pero a quien se lo retiró la Universidad de Columbia (entidad convocante desde 1917) por considerar que la novela vencedora, El río de la vida, carecía del nivel suficiente. El ignoto profesor universitario y crítico literario Norman Maclean (Clarinda, Iowa, 1902) -miembro de la oscura Escuela de Chicago o de los Neoaristotélicos, estudiada solo por aún más oscuros historiadores de la crítica- ha dejado, es cierto, para la posteridad una novela semiautobiográfica con pesca y montañas, con ríos y educación, con vida intelectual y autodestrucción meditada, con una versión de la parábola del hijo pródigo trasladada a los agrestes paisajes de Montana. Carne de filme, la dirigió Robert Redford en 1992 con Craig Sheffer y Brad Pitt como hermanos agonistas (Pitt, claro, en el papel del rebelde sin pausa).
Reincide ahora el jurado del Pulitzer en su decisión de declarar desierto el premio. Pero de Clarinda, Iowa, a Claremont, California, hay una distancia. La que va de Norman Maclean a David Foster Wallace, a quien todas las quinielas para esta champions league de los escritores (allí se dice soccer, ya se sabe) daban como virtual ganador con su novela El rey pálido (también estaban en la eterna final Denis Johnson y Karen Rusell). Dos profesores, dos scholars. El río de la vida, el río de la muerte. Wallace dejó cientos de páginas de una novela inacabada, con capítulos cerrados, fragmentos inconexos, textos sin pulir, versiones múltiples, correcciones y metacorrecciones, anotaciones profusas, ideas sueltas, diálogos exentos, desarrollos por ultimar. La estructura final (¿?) es resultado de la labor de su editor Michael Pietsch, que se ha encargado de esta dispositio imposible y vana. La obra literaria como proceso inacabado. El resultado convertido en work in progress. El autor reducido a una instancia exterior. Es cierto que Wallace no ha escrito esta novela, que solo en una ocasión el premio se ha entregado a título póstumo (a John Kennedy Toole, en 1981, por La conjura de los necios), que tal vez El rey pálido no sea la mejor de sus obras de ficción. Pero no es menos cierto que, con todo lo que se diga, David Foster Wallace parece ser siempre el enemigo, el otro, el intruso. Nunca será “the great American novelist”, como su amigo Jonathan; Harold Bloom dice en una entrevista que Stephen King es Cervantes al lado de David Foster Wallace; también hay muchos haroldbloomes en España, de eso no hay duda, que se cobran en Wallace las deudas con autores más cercanos (scapegoat del midwest, señor blandito, que sufra, dicen, por el canal del sufrimiento). 
En Bilbao se discute estos días sobre “Secretos y mentiras” en la literatura de los Estados Unidos. Mientras, en Columbia, un jurado ejecuta la broma infinita. Le mandan un inspector a David Foster Wallace, sujeto pasivo. Le revisan las cuentas porque ha defraudado a la hacienda pública. Ponen el canon a buen recaudo sin desgravaciones. Lo dicho: del río de la vida a la conjura de los necios.

1 de mayo de 2009

Margaret Atwood, Surfacing.

"Maybe it was true, I leafed through all the men I had known to see whether or not I hated them. But then I realized it wasn´t the men I hated, it was the americans, the human beings, men and women both. They´d had turned against the gods, and it was time for me to choose sides. I wanted there to be a machine that could make them vanish, a button I could press that would evaporate them without disturbing anything else, the way there would be more room for the animals, they would be rescued."

C acaba de llegar de Canadá, ha pasado por aquí de camino a casa. 

Dice que las cataratas son un timo, porque la bruma no deja ver nada. Esto me parece gracioso. ¿Podría denunciarse algo así, como si las cataratas se escaquearan de forma voluntaria? Pienso en Supermán y pienso en el Supermán de Muchachada, mi parte favorita del programa. Y mi parte favorita de la peli, el jovencito mutante huyendo a la cueva de hielo para hablar con un canoso Marlon Brando que invariablamente le contesta: pues hijo, qué quieres, la vida es así, pura kriptonita. Bueno, no sé si mi parte favorita es esa o la de el principio, el bebé Supermán escuchando al Brando. de cualquier forma. C no parece muy impresionada. Aclaremos que es fanática de los espacios abiertos, los bosques tupidos, la nieve y todo eso: lana en cenefas, manoplas, renos. C y su relato del viaje me recuerda Surfacing, de Margaret Atwood. Leí ese libro como un ejercicio de clase en Turku. Lo abro y lo miro por encima, está lleno de subrayados y notas. La primera palabra del libro es un "I", el pronombre de la primera persona singular, y yo ahí puse una nota larguísima que se refiere a "Not named; symbolic of the fact she doesn´t know who she is. Representation of her own insec. about her identity". Jajajaja. Es un libro bueno para releer, que insiste mucho en simbolismos: una chica joven regresa con unos amigos a la isla donde se crió, al norte de Quebec, su padre ha desaparecido. Las memorias acuden a su mente y ella empieza a tener una revelación de quién es, primero de su identidad social como mujer, y luego como ser humano arrojado al mundo natural desde el punto de vista antropológico. Mundo urbano vs mundo natural, destrucción vs creación, anglófonos vs francófonos, Canadá vs Estados Unidos, inocencia vs conocimiento, hombre vs mujer. Y sobre todo, recuerdo el simbolismo del agua. La importancia del algo tan básico, enfrentado a género, edad, familia, estatus, empleo, etnia, nacionalidad. Ambigüedades, ambivalencia, ciertas cuestiones relativas a la identidad femenina, alusiones al recuerdo y el trauma.

Se lo presto a C, aún avergonzándome de las citas. 
Ella lo mete en la maleta y dice: "bueno, alargará un poco mi viaje".

Si queréis leerlo, he visto que Alianza Editorial lo tiene traducido.

26 de abril de 2009

In a coma


tengo que escribir un artículo y como mi mentor está out (de puente) se supone, no he decidido si Coupland, o un par de sugerencias que me hizo, Lorrie Moore o Miranda July. esta me da un poco de tirria, a saber, ese recuerdo subsconsciente de la niña de clase que era rubia, mona, bailarina, gimnasta rítmica y la primera del coro en la actuación del villancico de navidad. !qué digo, primera cantante!, virgencica en el belén viviente. en fin, paranoias fuera. mi estúpida decisión ha sido comprar a saco lo que encontrado de las dos, y enchufarme lo que me faltaba de Coupland. hablo mucho de Coupland pero no le doy. sus personajes siempre tienen visiones del fin de mundo. una bomba nuclear. esclerosis múltiple. un coma. son fatalistas. ¿pero cómo conjuga la "generación x" el milenarismo con todas sus aes? amoralidad, a religiosidad, alegalidad, aresponsabilidad. supongo que es mi problema también. ¿cómo alguien que racionalmente no cree en nada se cuestiona la vida?. la vida del planeta. la vida de nuestros padres. de nuestros hijos. esa expectativa de alguien que cada día mira al horizonte mientras se fuma un cigarrillo en la terraza del trabajo, esperando ver el resplandor y la seta gigante y sentir sus huesos volverse ceniza, pero al que finalmente le ocurre eso: nada.

yo, normalmente, pienso en un montón de cosas. qué pasa por la mente de un pastor. por qué los números de móvil empiezan en 6. arrugas ascendentes o descendentes. si el seguro cubre un ataúd, y cómo es el catálogo. si realmente se ve algo en las cataratas del niágara. cómo serían si fueran al revés (eso sí que sería una atracción mayúscula).

soy incapaz de llegar más allá hoy, pero me lo guardo en la reserva.

19 de abril de 2009

Julián Cañizares (3).


BOSQUES

Los bosques se sustituyen y no pasa nada,

pero sí pasa, y no ocurre sino lo necesario.

El bosque está bien. Lo que viene después

del bosque está bien. Lo de dentro del bosque 

está bien, y lo de fuera del bosque está bien.

Cuando la lucidez llega pronto, uno estalla.

Gusta viajar por ahí, tener amigos y cosas.

Una chica señalando una ruta con árboles,

la carencia de abrazos sin síntomas de dolor,

la peluquería cerrada, la señal de tráfico.

Después del bosque y antes del bosque ríes.

desborda el río a la Tierra, mece el mar solo,

busca la ardilla su solución, muerde el ciclo.

Sustituciones plenamente consagradas, 

imágenes que sustituyen imágenes, bosques

que no figurarán siempre, rutas mediocres.

No pasa nada, pero sí pasa. Somos lo hecho, 

y los bosques están por ahí, como uno mismo.

Julián Cañizares, Sustituir Estar, DVD 2009.

De eso trata esta colección de poemas (ver los dos post anteriores). Podríamos hablar de una escritura – idea, caracteriza por la reflexión, no siempre lógica. Todas las hipótesis que desencadenan los poemas se deben al conflicto que se produce cuando el espíritu choca con la condición de materialidad de la vida, quedando desenmascarado su sinsentido, y apuntando con el dedo así a la gratuidad del arte. A través de sus argumentación y contraargumentación, los poemas se enfrentan a la peculiar situación de destruir el medio por el cual son pensados: el lenguaje. Un empate técnico entre cabeza y corazón. De esta forma, la tensión sin ruptura se constituye como proceso fundamental. Lenguaje como medio y no como fin, poemas que son reflexiones en proceso, inconclusas. Movimiento.

En principio podríamos decir que Cañizares sustituye en esta colección el poema por el poema-idea, y que la intención parece ser la de reemplazar la literatura retiniana y narrativa por la reflexión. Pero no es así. Como en la canción de Astrud, el mismo discurso se descoyunta hacia lo puramente estético, las piezas del discurso se extienden hacia el simbolismo en una especia de violencia racional, en oposición a la violencia física de la poesía descriptiva. Es como si un trascendentalista inglés hubiera caído en el modernismo y nos mostrara el punto intermedio del proceso como obra. Es como si un predicador hubiera encontrado que no hay solución tras la  reflexión más allá del propio proceso de reflexión, y nos hubiera entregado la propia belleza de la indefinición. Es como Gilgamesh cuando hace su camino de ida y vuelta a la tierra de los muertos, y nos trae como trofeo sus delirantes impresiones tras muchos días solitarios escuchando la radio por las autopistas del infierno cósmico. Y todo ello desde un escenario cotidiano, basado en el ready-made, los materiales que uno va encontrando en su ordinario quehacer a través de la cocina, el despacho del instituto, las sábanas. Materiales sencillos; cuestiones universales y cotidianas; desechables; neutros.

Lo que más me gusta de este libro es lo que más me gusta de grupos como Astrud: la creación artística a través de la crítica, pero sin caer en una voluntad anti-artística, sino reconciliando ambas. Su ubicación en una zona intermedia entre el poema y el antipoema, su delicadeza para partir de cierto platonismo, en el sentido de privilegiar la idea en desmedro del objeto, sin caer en lecciones existenciales o morales.

Habría que entender a Gilgamesh, Astrud y Cañizares como la representación de la reflexión sobre un mundo que encuentra su ser en la ruina. Benjamin destacaba la condición mortuoria de la obra de arte: las obras son ruinas, objetos perdidos. No son referentes cerrados. Y eso, hoy, para mí es lo que tiene valor: si el sujeto moderno era un Edipo cuya búsqueda de verdad conducía a la autodestrucción (pongámonos cursis), el sujeto post post post de hoy es un sujeto cuya búsqueda de la verdad tiene sentido sólo como búsqueda, sin finalidad, sin sentido, y acaba siendo una decoración. Si es así, la postpostmodernidad artística produce ya obras, no nuevas, sino deliberadamente arruinadas.

Sustituir Estar pone en evidencia la falsa conciencia que concibe al objeto de arte como una peculiar posesión privada; y no como un objeto del proceso de un esfuerzo intelectual. El sujeto es un enunciador bello e incoherente, y como resultado, los poemas resultan extraordinariamente iluminados. Aunque todos estemos megaencantados con el retorno AfterPop a la figuración y sus rostros cuatricrómicos delineados en negro, no está mal explorar el grado cero en el arte: violar las reglas de la propia disciplina, dudar del objeto mismo. Mi cabeza de perro, al menos, lo agradece plenamente, al final de este largo invierno de crisis. Porque nunca puede acabar el rastreo del Coyote hacia el Correcaminos. Ésa es nuestra naturaleza. Siglo arriba, siglo abajo.

18 de abril de 2009

Julián Cañizares vs Astrud, Astrud vs Gilgamesh (2)

Me estoy aburriendo de leer. He acabado con Jonathan Coe, con Capote, con Auster. Me he dado a Gilgamesh (traducción de Jorge Silva Castillo) y les relato sus aventuras en versión albaceteña a mis compañeros de trabajo. Cada día hacemos un previously y un capítulo. Con casi 5000 años de antigüedad, es un libro muy divertido: dioses y humanos no siempre acaban bien. Dan ganas de hacerse un cómic. Y no sé si es el mal tiempo, pero tengo la sensación de que la literatura de hoy está llena de homenajes apoteósicos, exposiciones, y candidaturas a Ciudad Europea de la Cultura. Es el regreso a la literatura en su forma clásica: aniversarios, centenarios, ajustes de cuentas. El otro extremo, los congresos megapunkis de ultramodernidad y posttodismo empieza a parecerme sospechosos. Me parece algo así como un cóctel de perros, donde la gente va olisqueándose sin el mínimo pudor.  Incluso este blog empieza a parecerme sospechoso.

Veamos: Gilgamesh es un tipo que maneja el cotarro en una de las ciudades entre el Tigris y el Eúfrates. Eran ciudades independientes, ciudades-estado, que se manejaban intercambiándose excedentes y que una vez que les fue lo suficientemente bien empezaron a fostiarse. Gilgamesh es sumerio. Sumerio significa "cabeza negra", como Schwarzkopf (esto lo aprendí en una canción de Feria). Los sumerios creían que habían una especie de parlamento de dioses que decidían todo lo que ocurría por decreto, y que había un infierno, y que todo el mundo iba al infierno una vez palmaba (a no ser que un buen decreto te salvara el culo). Entonces, lógicamente, los tipos-cabeza-negras eran unos fatalistas, dado el pesimismo que les suponía la total intrascendencia del ser humano. Pero Gilgamesh mola porque siendo humano y sabiendo esto, es divertido, se arriesga. Cuando su colega Enkidú se deprime en el aburrimiento de la ciudad, le propone irse de shopping (se calzan 36 kilos de espadas) y en busca del monstruo del bosque de los cedros. Lo que le dice es "¿Quién puede alcanzar el cielo, amigo mío? Sólo los dioses moran en el cielo, eternamente" (tablilla III, col. IV, versos 140-141). Y cuando su amigo muere, Gilgamesh toma aún mayor conciencia de la intrascendencia humana: entonces va al submundo atravesando las agua de la muerte, en busca de la inmortalidad, pero fracasa y tiene que volver a Uruk. Al borde del océano cósmico una tabernera intenta que Gilgamesh tire la toalla:

Gilgamesh, ¿hacia dónde corres?/ la vida que persigues, no la encontrarás./ Cuando los dioses crearon a la humanidad,/ le impusieron la muerte;/ la vida, la retuvieron en sus manos. /!Tú, Gilgamesh, llena tu vientre, día y noche vive alegre;/ haz de cada día un día de fiesta;/ diviértete y baila noche y día!/ Que tus vestidos estén inmaculados, lavada tu cabeza, tú mismo estés siempre bañado./ Mira al niño que te tiene de la mano./ Que tu esposa goce siempre en tu seño./ !Tal es el destino de la humanidad! (fragmento Meissner MVAG 7/1 : VAT 4105, col.iii)

Pero tengo ahí un libro, chicos, que cada vez que me acerco a releer, me da puro miedo. Un libro muy esperado, podríamos decir. Se trata de Sustituir Estar de Julián Cañizares, DVD. Un libro muy delicado, una nueva propuesta que no parece una nueva propuesta, un análisis de los mecanismos y estrategias que posibilitan vivir. La segunda parte habla de cómo la vida es un continuo ejercicio de sustitución, silencioso, con una mareante falta de solidificación y una gran interrogante existencial. Como en la canción de Astrud, el mismo ejercicio de autorreflexión sobre la naturaleza vital es un cadáver, un juego decorativo consciente, una decoración.

Para Ernst Fischer, el ser humano necesita identificarse en función de querer trascender, ya sea con las canciones de Astrud o con Gilgamesh: ser él mismo, pero mejor. Dado que los sumerios que crearon el mito de Gilgamesh no creían más que en un infierno ineludible al final de sus días, su objetivo parece ser el de ayudar a superar a los individuos de Uruk su singularidad, el sinsentido en que se desarrolla la vida mortal frente a la de los dioses. Los sumerios buscaban en el arte elevarse por sobre su realidad y encontrarse con su colectivo: una necesidad ontológica. Llegados al siglo XXI, nos encontramos en un sinsentido parecido o mayor, ya que ni siquiera en el marco de un infierno cobramos sentido: sólo tenemos sentido ante nuestro propio e individual esquema de valores, sin dioses con los que medirnos.

(Continuará)

 
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